¿Volver al clóset en un mundo que retrocede? El cariño como defensa colectiva
- Mildred Michelena

- hace 7 días
- 2 min de lectura
El evidente retroceso en derechos y visibilidad de la diversidad a nivel global me ha llevado constantemente a estar pensando en mi yo de hace poco más de 10 años.
Cuando decidí salir del clóset, el horizonte se sentía distinto. Lo hice porque gran parte de mi entorno me transmitía una certeza fundamental: la de estar a salvo. En lo personal, lo social, lo familiar y lo laboral, habitaba un espacio donde sabía que podía ser yo misma sin que eso significara un peligro, y sé muy bien que fue un privilegio sentir esto ya que sabía que hay personas que no lo han sentido o que no lo sintieron nunca.
Tenía la tranquilidad de saber que, si algo salía mal, si el prejuicio ajeno intentaba entrar, contaba con una red de contención clara a la cual recurrir.

Hoy miro el panorama actual y me cuesta creer lo mucho que se ha retrocedido (de nuevo). O bueno, siendo honesta, tal vez sí lo creo cuando repaso conscientemente la polarización, los discursos de odio y el desmantelamiento de libertades que han marcado esta última década. Es frustrante ver cómo derechos que creíamos consolidados hoy vuelven a estar en el centro del debate, obligándonos a defender nuestra propia existencia una vez más un poco más que antes. La ligereza y la libertad que se presumia que se había encontrado hace unos años parecen haber sido reemplazadas por una constante y sutil alerta.
Ante este escenario de hostilidad generalizada, es imposible no llenarse de preguntas: ¿Cómo volver a construir un lugar seguro en un mundo que parece empeñado en borrarnos? ¿Cómo no dejarse arrastrar por la desilusión colectiva? ¿Cómo mantener la frente en alto cuando el entorno te pide que te escondas?
No tengo respuestas definitivas ni reflexiones que cambie el mundo o el rumbo del tablero político o social, pero sí tengo una certeza que se siente como una brújula. Ante la frialdad y el retroceso del mundo exterior, la verdadera resistencia no está en el aislamiento ni en la rabia ciega; está en el cariño, en la ternura compartida y en la paciencia. Cuidar de lxs nuestrxs, dejarnos sostener y construir desde los afectos es, hoy más que nunca, el acto revolucionario más fuerte que podemos tener.
Por eso, no quiero perder la oportunidad de agradecer a las personas que hacen esto posible en mi vida, a quienes me cuidan con su amor incondicional. Ustedes son mi verdadero espacio seguro. Al final del día, si queremos volver a estar un mundo habitable, la recomendación y la tarea colectiva es esa: volvernos el refugio de la otra persona.
Aquí más de mi día a día:
TT @milimiche



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